entre Madero y Prisciliano



El sitio de quienes se encuentran inesperadamente en veces al atardecer, como siquiera en una esquina céntrica de esta ciudad entre minifaldas y rostros hampones. El Logos circular sobre las cabezas de quienes nada observan y de plano suben omisos al camión ruta siniestra que apunta al infinito, circulando más allá de sus posibilidades secretas.

Quién fuera vos para pertenecer un tiempo apenas cuasiabsorto ante el fenómeno de la desnudez de su misterio. Mientras ella observa incierta la vulgaridad de sus adentros; camina cual ochavada cumbre, acidulada de miradas extrañas y propias envidias de género.

Estábamos listos para el asalto a la morgue de los últimos que voltean el curso de este planeta, bajaron los dioses ayer entre Madero y Prisciliano, se les vió en baño público armar su electrocañón pendiente de mentes y suburbios. En la esquina dorada, una adolescente les veía sin salirse de su cuerpo.

Calmadamente los perros de la noche volcaron sus huestes al abismo; sin decir nada más. Erigieron un amplio bosque de manchas dedicado al primer nombre de quienes no estaban invitados y de ahí se fueron al obscuro asiento de una patrulla repleta de agentes negros.

Por cierto, el día de hoy se llevaron a Gervasio. No había nada en él más que brillo del mundo al revés, osea: sombra plena cuasiforme de un orden finisecular. Para el calor fosforescente que nos agobia se antojaba correcto.¿será que lo volvamos a ver? Yo creo que sí. No estamos en los 70, y sin embargo son los mismos cuervos que regresaron al caldero para continuar con su festín de carne, sangre, huesos, lágrimas y cartílago. Suculenta piel de los hijos de Eva.

Pero va el final del Logos. Va la ruta de quien padece este mal en secreto. Y perfuma sus adentros con un poco de lo que se mira por entre los espejos de aquella lucidez temporal.

Vale por un cuarto de hora. No más. El asiento está muy lejano, allá donde las Lolitas no se dignan de pasar a tiempo de saludar mientras haya luz de día. Es tiempo de callar, las sombras están aquí. Hasta el siguiente Sol nos veremos. Permíteme... Voy por una luciérnaga que me pareció barata.


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